02.08
“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…” Así comienza la primera parte del Quijote de Cervantes y según dicen, Argamasilla de Alba es ese lugar que Cervantes no quiso recordar por estar preso en la Casa de Medrano por un delito fiscal, según una versión, o por un piropo echado a cierta mujer, según la otra versión supongo que por hacer de Cervantes más caballeroso que lo que la otra versión lo hace. El caso es que a Cervantes, que llegó a dicho pueblo para recaudar impuestos, en su prisión – según cuentan – conoció la leyenda del hidalgo demente Don Rodrigo de Pacheco y en dicha prisión comenzó a escribir la primera parte de su obra maestra. Aunque no se que creer, ya que indagando (tampoco mucho) encuentro que en la wikipedia desdice estas teorías, expresando que no hay documentado ningún cautiverio de éste en la Casa de Medrano.

Pero seguramente no sería esto lo que nos llevó el último fin de semana de enero a dicho pueblo. Ni esa historia ni otra parecida. Lo que nos llevó a dicho pueblo fue la voluntad de juntarnos los amigos y de pasar un rato todos juntos como antaño, que quizás no tenga la misma aura de misterio e intriga histórica que la de Cervantes pero para nosotros era suficiente.
El pueblo destila el ambiente manchego de la meseta. con sus campos de cereal y viñas alrededor. Amaneceres fríos cubiertos de bruma y las espaciosas y amplias casas bajas con patio interior como en la que nos hospedamos. En el propio pueblo existen un variado abanico de lugares históricos, como la ya citada Casa de Medrano, que visitar aunque posiblemente en una mañana esté todo visto y recorrido el pueblo. Cuando esto ocurre, tienes muy buenas opciones en los alrededores, como visitar el castillo de Peñarroya, junto al pantano del mismo nombre y un poco más lejos la Lagunas de Ruidera, con sus diques de tobas que forman torrenteras al desbordarse de unas a otras. Un poco lejos, quizás también se encuentran las Tablas de Daimiel, o puedes seguir las rutas del Quijote que pasan o parten desde el pueblo o acercarte a Tomelloso, que está justo al lado de este pueblo. Las opciones son variadas y los lugares merecen la pena.
Pero si la estancia es de un fin de semana, a poco que quieras disfrutar del lugar y de la compañía de aquellos a los que hace casi un año que no ves, el pueblo y las Lagunas de Ruidera son lo mínimo que yo recomendaría visitar.

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